Hoy duermes entre la flor y las llamas
acurrucando los huracanes de mi pecho.
Voy por tu cielo de peregrinas torres,
edificios parisinos que desconozco, murallas de pájaros
en tu espalda, lobos que caminan hasta el alba de tus hombros.
Los viloncelos arrebatan toda la música del aire
desprendida de los senos.
Yo me acerco a tu cuerpo
para quedar húmedo en las sábanas;
porque eres tabaco desnudo
más allá de las impúdicas noches,
tulipanes que se desvanecen en el viento,
lluvias a la vera de las calles en
donde secuestro las estrellas y pido silencio
cuando mi piel se entrega a las olas.
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