Jueves 18 de agosto, 2005, La República
Pronto va a finalizar el periódo político del señor Abel Pacheco. Todos los costarricenses hemos visto la gran ineficiencia de don Abel como presidente.
El señor Pacheco nos ha resultado un hombre inseguro en su capacidad de razonar ante un acontecimiento, tan solo ver la actitud que tomó al llegar el conflicto de las tropas estadounidenses e inglesas en Iraq, estamos al lado de nuestros amigos, dijo Pacheco.
Después de una fuerte insistencia, nos borraron de la lista de países que cumplieron la profecía de Bush y Blair; las armas de destrucción masiva fueron un cuento que al mismo escritor que está en la Presidencia le hubiera sido un gusto escribir.
El señor Pacheco sufre de una gran miopía, la acepta, sin embargo su gabinete lo deja solo un momento para que reflexione sobre su problema, pero es intento fallido, y para males su amigo el escritor Sergio Ramírez le hace creer que el es un gran escritor, tan comprometido como Sartre, al menos ese fue un gran filósofo que pudo viajar en el mundo político del marxismo y dio grandes luchas por la libertad de los hombres, pero don Abel, ni una cosa, ni la otra; ni cazador ni astronauta, ni cantante ni poeta.
Fue más brillante el poeta César Vallejo que conoció el hambre bajó los puentes de París.
Pronto sabremos que pasará con el TLC. Al menos yo percibo un caos y pretendo lograr un anarquismo pasivo, no obstante, pienso en nuestro Presidente, en qué cueva se va a meter: con todas aquellas personas conocedoras de sus derechos.
Al gran porcentaje de la población ya le es hostil escuchar el discurso del señor Pacheco, un discurso con un mal uso de retórica y endeble de pensamiento político.
Al mismo André Malraux le hubiera dado lástima escuchar a un presidente, típico de la decadencia y la ignorancia de ciertos países del continente americano.
La conciencia nace a la luz de la rebeldía, dijo Camus, y creo que la rebeldía tanto metafísica como histórica está en el filo de un puñal en donde víctimas y verdugos van muriendo en la sociedad espectáculo y capitalista, que si bien es cierto, aquí en Costa Rica empezó con una oligarquía cafetalera, muestra de un resumen muy breve, de arte, literatura y de sociedad cerrada y clasista. Un elemento que gira de forma circular en la historia costarricense.
¿Qué será de nosotros? ¿Cuál será el ideal político de nuestra nación¿ ¿Seremos siempre la moral de los esclavos de Nietzsche?.
Si se aprueba el TLC, que pienso va a ser una verdad inevitable, por la misma globalización, cómo será el destino de los sectores que carecen de educación y salen a las calles a comer ceniza y a prostituirse.
La única arma que nos queda, creo yo, es lograr conciencia crítica, al menos que surja de aquellos pequeños grupos que puedan agitar las otras mentes en donde se proyecta la luz, en donde solo la risa y el olvido celebran el festín de los fantoches políticos.